¿Qué es?

 

 

Podemos definirla básicamente como un problema presente en muchos hombres y caracterizado por la falta de control voluntario sobre el momento de la eyaculación, eyaculando generalmente antes de lo deseado. Se incluye dentro de los llamados problemas de control eyaculatorio.

 

¿Por qué se caracteriza?
 

El problema de la eyaculación precoz consiste en  que el hombre eyacula con excesiva rapidez durante la interacción sexual, bien durante los juegos preliminares, bien inmediatamente después de la introducción del pene en la vagina (con o sin movimiento rítmico) o en cualquier otro momento considerado “prematuro” por la persona o pareja implicados en la actividad sexual.

 

¿A quién y cómo afecta?

 

Los efectos más negativos implicados en la eyaculación precoz son sobre todo la ansiedad y los sentimientos de frustración que aparecen en el hombre, activando una serie de pensamientos negativos en cadena acerca del propio rendimiento sexual. Estos pensamientos negativos generan, además,  sentimientos y emociones negativas tanto en la persona afectada por este problema como en su pareja.

 

Son frecuentes las quejas en este sentido por ambas partes, ya que generalmente ven interrumpida de forma brusca una actividad sexual que podría haber sido placentera. Es por ello que la reacción de la pareja sexual es muy importante, siendo determinantes su apoyo emocional y su empatía para poder solucionar el problema.

 

¿A qué se debe?

Aunque en casos muy aislados aparecen causas médicas (trastornos orgánicos), en la gran mayoría de los casos las causas fundamentales de este problema son:

 

• Modelo de sexualidad falocrático (basado en el coito como única actividad sexual placentera tanto para la mujer como para el hombre).

 

• Desconocimiento de la sexualidad femenina.

 

• Ansiedad y estrés que impiden la relajación necesaria para sentir el placer sexual a través de los sentidos.

 

• Enfoque excesivamente rígido y exigente de la respuesta sexual masculina (la erección con eyaculación como símbolo de auténtica virilidad, etc.).

 

• Mal aprendizaje sobre el funcionamiento y el autocontrol de la propia respuesta sexual (por ejemplo, debido a experiencias masturbatorias excesivamente rápidas en la adolescencia que acaban provocando un reflejo eyaculatorio excesivamente rápido).

 

• Práctica de medidas populares totalmente contraindicadas como contar números o pensar en cosas desagradables para posponer la eyaculación.

 

Al igual que sucede en otros problemas sexuales, es importante aclarar que la eyaculación precoz no es una enfermedad, sino una falta de aprendizaje de las sensaciones que avisan de la llegada del orgasmo (sensaciones preorgásmicas).

 

¿Tiene solución?

 

Por supuesto, tiene solución mediante la terapia sexual. De hecho, es una de las dificultades sexuales masculinas con mayor porcentaje de éxito terapéutico, siempre y cuando se siga un enfoque profesional adecuado que implique el aprendizaje de técnicas sexuales eficaces como la parada-marcha, el fortalecimiento de la musculatura pubococcígea, la corrección de posibles falsas creencias o ideas erróneas sobre la sexualidad, una adecuada gestión emocional del problema, etc.